divendres, 14 de juny de 2013

Hoy he decidido poner en orden mis cosas, mis trastos, cosas que llevan ahí mucho antes que empezara la universidad. Me he puesto a tirar cosas, y guardar otras que por insignificantes que fueran todas tenían un recuerdo detrás. Debo añadir que soy un poco desmemoriado, es cierto. Un simple pin me recordaba mi estancia en Malta, o un abrelatas a mi primer verano trabajando en el supermercado...  En estos cajones me he encontrado cosas que realmente he echado de menos, y otras que no sé porqué guardé.

Todo esto me ha llevado a pensar en las personas, y en el recuerdo que dejan o quieren dejar en ti. Personas que pasan por nuestras vidas a velocidades diversas y que muchas veces no sabemos controlar, y otras que deciden quedarse pase lo que pase (mención especial para Xavi que me está preguntando en directo, ambos nos quisimos quedar en la vida del otro). Otras personas, en cambio, entran en tu vida y en cuanto ven que la cosa te tambalea desaparecen, o en cuanto ven que te va bien te hacen daño por envidia o yo qué sé. Seguro que muchos de los que leéis esto sabéis de lo que hablo, y también sabéis quienes sois en mi vida y qué lugar ocupáis. (Aunque también conocéis mi parte enfadica y mi gran independencia/mundo interior). Me gustaría nombraros a todos, pero no creo que sea necesario, ¿verdad?

Limpiando, limpiando me he dado cuenta que en realidad todos esos recuerdos, la mayoría sólo ocupan espacio, no sirven para nada ya. Sirvieron para darte cuenta de que esa persona no merecía tu tiempo, ni tus palabras, o al revés... que esa gente es la que te ayuda a crecer cada día, gente que sigue estando en mi vida y pasan meses, y aunque no les vea o no hablemos, no les dejo de querer jamás. Por esa gente hoy escribo, respiro y sonrío.

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