dimarts, 3 d’abril de 2012

Me levanto y no quedan rastros de ti, parece que solo ha ocurrido en mi estado transitorio de velas. Nada más lejos de lo que sentí, la fiesta terminó sin nosotros dos. Tus caricias han desaparecido y me han llenado el mundo de un color mortecino, de putrefacción. 'Te confesé que me gustaba el olor de tu sudor, mi nariz, la palma de mis manos y mi lengua adoraban este olor, y, como si con ello te hubiera causado un dolor,  me abrazaste y exhalaste' un humo rosáceo, como un halo mágico.
Esta mañana tú ya no estabas, he despertado destapado de tu piel y sueños. He abierto los ojos y me he dejado llevar por el frío de la mañana, sintiéndolo en cada uno de mis poros como si desease la muerte pero sin desearla. Cuando me he incorporado a la realidad he sentido que quizá hoy sea el día más maravilloso de mi vida, he sonreído, he hecho café.