dilluns, 11 d’abril de 2011


Silabeaba tequieros en silencio mientras me miraba fijamente a los ojos, y el tranvía en una curva se quebrantaba.

Él estaba ahí, pero era como cuando subía al autobús. Yo esperaba que el autobús partira. En el fondo sabía que él ya no estaba conmigo, nos mirábamos. En pocos segundos desaparecía. Él estaba ahí, pero nos separaba una gran cantidad de espacio.