dimecres, 6 de febrer de 2013

Este 2013 no ha empezado nada bien. Las cosas no me saben igual y los colores son grises todos. Terminé 2012 con una tristeza orgánica que como bien dice mi amigo E. Menchón Gil: "Padece su hambre y su sed, tiene sus deseos y esperanzas, cree en la vida eterna. Se aferra a la médula espinal, brota a través de los órganos y de las fibras de la piel, y viene a aflorar tras el esternón. Pero te tiene agarrado, y sólo el éxtasis es capaz de sacarla de ahí.". Este año se ha acentuado, tristeza orgánica crónica aguda. Me hace pensar en soluciones que me llevan a la nada, al principio de todo, a que el fin justifique mis medios. El éxtasis no consigue arrancarla, solo la olvido por unos momentos.
Nada me alegra, no esbozo sonrisas ya. Mis ganas de seguir con todo disminuyen y quiero volver a que mi madre me deje hacer y me pregunte por qué no sonrío y por qué tengo estas ojeras tan largas. En mi mente suena Philip Glass contínuamente y a veces hasta aparece algún personaje que no conozco y me habla. Las ideas brotan en color gris y me fascina el ocaso, la muerte de todo.
La soledad llena mis días, el gris, las nubes. Cada vez soporto menos el sol y la gente con la que me cruzo. Los días pasan, la gente muere y todo vuelve a empezar.