dimecres, 18 de juliol de 2012

Verano

Cae la noche, y el calor sigue apabullante en esta ciudad, una sensación de desasosiego invade cada célula de mi cuerpo. Tú no ayudas a nada, no ayudas a aliviar este sentimiento de soledad y de inquietud. Los días pasan lentos, tanto como cada vez que he imaginado pasar mi dedo índice por tu piel como si de un violonchelo te tratases. El verano no existe, es solo un estadio de embriaguez que nos confunde.

La soledad no es eso que vives estando solo, sino más bien cuando estás rodeado de gente. Me rodean muchas más personas que quizá meses atrás, pero la gota cae en el vaso cada día recordándome que solo me duermo, y solo me despierto. Un sentimiento necesario algunas veces, pero tan poco oportuno como la lluvia del mes de julio cuando no lo necesitas. Sentir que eres secundario, y que solo tú eres quien importa en tu sola vida. La frivolidad de la vida es parece ser la razón de ella misma. Estar solo, vivir solo, contar estrellas solo.

El calor es demasiado intenso para discernir el desasosiego y tu falta. Sigues expectante a que algo pase en tu vida, mientras el resto observa su agenda sin nada más que hacer que observarla. Y el calor puede con mis ganas de hacer nada de provecho y aplasta todo aquello que podría inspirarme excepto el desasosiego y las ganas de que acabe esto. Ojalá te dieses cuenta que no importas, ni yo tampoco.

La soledad, el calor, no importa.

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