dimarts, 25 de gener de 2011


Si hay algo que debo agradecerte ahora es que hayas desaparecido realmente, y que no haya sido solo de mi imaginación. Desde Berlín escribo esto y posiblemente sea una de las noches más crudas en cuanto a tristeza se refiere.
Mis ojos censuran litros de sal y mis labios dibujan en dictadura una sonrisa, pero realmente necesito irme a la habitación y que los pantanos se desborden, dejar salir todo el león de invierno interior que llevo dentro.
Ellos ríen allí abajo, y yo intento que eso no me afecte, simplemente quiero ser invisible unas horas para Berlín. No los detesto, ni me molestan, simplemente quiero evaporarme en mi propia burbuja para volver a ser líquido otra vez. Realmente no sé como explicar esta tristeza marengo que me llena los oídos de demasiada sensibilidad que no soy capaz de controlar ni de limpiar.
Seguiré unos minutos más dentro de esta burbuja llamada tristeza escondida de melancolía, y luego el almohadón me servirá de cuenco para recoger la sal de mis ojos.
Berlín es maravilloso sin tu presencia, sin ti.

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