divendres, 19 d’agost de 2011

Las gatas maúllan demasiado (Otoño). Abba suena de fondo y tu me abrazas en amarillo mientras nuestros labios se saludan en latín vulgar. No sé si tus pies me pisarán al bailar, espero que sí, siempre ha querido decir que te equivocabas, que el ritmo no era ni el tuyo ni el mío. Aún así nuestros ritmos tienen una corchea en común.

Los perros ladran demasiado (Invierno). Buddy Holly suena en el coche y tu mano derecha roza mi rodilla al cambiar de marcha. Mi piel se transforma a otro animal, mientras que tus labios hacen ejercicios de estiramientos. El ritmo de la canción obliga a amarse, a morir por ti. Aún así nuestras melodías tienen rimas en común.

Las gallinas cacarean demasiado (Primavera). The Smiths suena en el teléfono cuando alguien te quiere, y te quiere. Mi nariz intenta hincharse, y parecer un castillo para niños, pero nada. Cuando oye tu voz se deshincha y practica la sonrisa invisible. La letra de la canción me transmite lo que tu no puedes. Aún así cada vez nuestras melodías son más disonantes.

Los elefantes barritan demasiado (Verano). Peter von Poelh suena en un verano polar y nuestras palabras son copos de nieve en formas extrañas. Ni tus pies, ni tus labios, ni tu voz sirve ya para descongelarte. La estética de la canción dice adiós, y un te amo solo. Aún así siempre fuiste mi rinconcito preferido para dormir en otoño.

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