dilluns, 6 de juny de 2011

-Él no es para mí. -Dijo el fotógrafo mientras miraba fijamente a su amigo en la cama desecha por sus sueños truncados por tantos ineptos del placer y la soledad.

No era para él porque no significaba nada, como una mota de polvo suspendida en la inmensidad de una selva tropical. Vivía un momento en el que no se preocupaba por nada más que de su vida y sobretodo de ser feliz. Nadie podía ser para él porque nada podía pertenecerle. Estaba en ese punto de inflexión en que sus días morían cada vez más rápidamente y tenía que apresurarse si no quería perder el poco tiempo que le quedaba para respirar el aire de la isla Margarita y el levante de Normafa.

No quería perder el tiempo en banalidades, hacer lo que quisiera sin reparar en nadie ni nada que lo destorbase. Se sentía satisfecho de haber hecho tantas cosas y haber aprovechado el tiempo como había querido.

Nadie podía interrumpirle, nadie. Su fuerza era tal que ningún ser era consciente de ella, ni del poder de sus palabras, ni sus acciones. Solo podían aspirar a ser cuerpos con los que se masturbaba, y luego seguía su último tramo de la hazaña.

Salió de su casa. Sonreía, era de día de nuevo.

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